El futuro de Garnacho y un mercado al rojo vivo: el United le suelta la mano y el Leverkusen se baja tras un partido de locos
Se veía venir y finalmente parece un hecho. Alejandro Garnacho y el Manchester United van a separar sus caminos en este inminente mercado de pases, cerrando una temporada 2025/26 para el olvido. Lejos de su mejor nivel, el delantero de la Selección Argentina terminó envuelto en una serie de cortocircuitos bastante picantes con su técnico, Ruben Amorim, que terminaron por sentenciar su estadía en Inglaterra de cara a la próxima campaña.
El quiebre total de la relación tiene fecha y lugar. Todo estalló después de perder la final de la Europa League contra el Tottenham. El atacante, campeón de la Copa América 2024, no se guardó nada y disparó con munición gruesa frente a los micrófonos. Visiblemente con bronca, tiró: “Obviamente es duro para todos. Después de esta temporada que, la verdad, fue una mierda, tanto ahora como por haber perdido la final de la copa en la Liga. No le ganamos a nadie”. Y la cosa no quedó ahí. Le apuntó directo al portugués por haberlo puesto solo en el tramo final: “Hasta la final, jugué todas las rondas, ayudé al equipo. Hoy, jugar 20 minutos… la verdad, no sé”. Al preguntarle si esto lo empujaba a irse ahora a mediados de 2026, la dejó picando, avisando que iba a tratar de disfrutar el verano europeo y después ver cómo seguía la mano.
Amorim recogió el guante casi al instante. En plena conferencia de prensa, explicó por qué Mason Mount fue titular y mandó al frente al argentino recordando un gol errado en instancias decisivas: “Es fácil hablar con el diario del lunes. ¿Quién erró una chance clarísima en el primer tiempo de las semifinales? Garnacho. El fútbol tiene estas cosas”. El golpe de gracia, según filtró la prensa inglesa, se dio adentro del vestuario. Adelante de todo el plantel, el entrenador lo fulminó: “Más te vale rezar para que encuentres un club que te compre”.
Los grandes de Europa que hacen fila y el nuevo precio
Con la puerta de salida abierta de par en par, varios pesados del Viejo Continente pararon la oreja. Allá por el mercado del año pasado, los Diablos Rojos pedían una cifra cercana a los 75 millones de euros por su ficha. Hoy, en pleno 2026, los números son otros. Entre su floja campaña y el escándalo público con el cuerpo técnico, se da por descontado que ese monto va a bajar drásticamente.
Los dos clubes que hoy pican en punta para llevárselo son viejos conocidos que ya lo habían sondeado en el pasado mes de enero. Por un lado asoma el Chelsea de Enzo Fernández, reciente campeón de la Conference League. Del otro aparece el Napoli, flamante dueño de la Serie A. Los italianos acaban de abrochar a Kevin De Bruyne y retuvieron a Antonio Conte, demostrando que van con todo por el bicampeonato en el Calcio y para hacer ruido en la próxima Champions League. Un poco más atrás, en la propia Premier, surgió la chance del Aston Villa. El equipo del Dibu Martínez tiene boleto para la Europa League 2026/27, aunque en Birmingham se baraja la fuerte posibilidad de que el arquero marplatense arme las valijas.
El Leverkusen se corre de la pelea por los números
A pesar de la danza de candidatos, hay uno firme que decidió dar un paso al costado. El Bayer Leverkusen levantó la mano y avisó que se retira de la contienda. El dato llama la atención porque a partir de la próxima temporada el equipo alemán va a ser dirigido por Erik ten Hag, justamente el técnico que supo exprimir las mejores cualidades de Garnacho adentro de la cancha.
Los motivos son puramente económicos. En Alemania se asustaron al ver las pretensiones salariales del jugador y las cláusulas que exigía su entorno antes de sentarse a negociar. Sin olvidar aquel prestigio que ganaron como campeones invictos en la histórica temporada 2023/24, ni siquiera llegaron a levantar el teléfono para hablar con el United; apenas vieron los números actuales, decidieron buscar otras opciones.
Un “Plástico” para el infarto salva la cabeza de Hjulmand
Mientras en los despachos descartan la llegada del extremo hispano-argentino, adentro del campo de juego el Leverkusen vive su propia locura. En las últimas horas, el equipo que todavía dirige Kasper Hjulmand protagonizó un partido histórico contra el Wolfsburgo. En Alemania este duelo es conocido como “El Plástico”, un apodo despectivo que usan los hinchas más puristas para ningunear a los clubes financiados por empresas como Bayer y Volkswagen. Siempre los acusaron de no tener alma, pero los cruces entre ellos vienen regalando partidazos inolvidables.
Esta vez no fue la excepción y la prensa germana lo catalogó como el “Plástico” más salvaje de todos los tiempos. Había muchísimo en juego. El Wolfsburgo llegaba con el agua al cuello en el fondo de la tabla, arrastrando una racha nefasta de 20 partidos sin mantener el arco en cero al mando de Dieter Hecking. Parecía que la historia se daba vuelta en el primer tiempo. Los visitantes se fueron al descanso ganando 3-1, mostrando una rebeldía impensada para salir del pozo.
Jonas Wind abrió la cuenta y, un rato después, Joakim Mæhle clavó un bombazo desde lejos apenas segundos después de que Alejandro Grimaldo empatara de penal para el local. El propio Mæhle había cometido esa falta previa sobre Ibrahim Maza. Para coronar el asombro general, Christian Eriksen metió el tercero desde los doce pasos.
La presión sobre los hombros de Hjulmand pesaba una tonelada. Simon Rolfes, director deportivo del Bayer, había salido a bancarlo en la previa asegurando que no pensaban echarlo. Perder de local contra un equipo casi descendido y complicar la entrada a la Champions seguramente habría puesto esa afirmación a prueba. Sin embargo, apareció nuevamente Grimaldo. El español armó una jugada bárbara, descontó justo antes del entretiempo y le devolvió el alma al cuerpo al Leverkusen.
Aprovechando ese envión, Hjulmand metió mano en el vestuario. Sacó a Equi Fernández y mandó a la cancha a Patrik Schick para armar un doble nueve con Christian Kofane. El equipo cambió el chip, dejó de lado la tibieza que mostró durante toda la temporada y salió a comerse al rival. Schick facturó el empate con otro penal y Edmund Tapsoba se encargó de dar vuelta el marcador. Ya con un Wolfsburgo hecho pedazos anímicamente, el brillante Maza estiró la ventaja. La frutilla del postre la puso el ingresado Malik Tillman, sellando el 6-3 definitivo luego de una apilada fenomenal de Ernest Poku por la línea de fondo. Una victoria épica que le da oxígeno al actual entrenador para terminar la temporada 2025/26, mientras la dirigencia ya prepara el terreno para el ciclo de Ten Hag, sabiendo de antemano que Garnacho no formará parte del proyecto.